Etiología y vías de penetración de la infección
Los abscesos son causados con mayor frecuencia por Staphylococcus aureus, aunque también son posibles las asociaciones microbianas (estafilococo en combinación con Escherichia coli, estreptococo o bacteroides).
La infección puede penetrar en los tejidos por varias vías:
- Exógena: los microorganismos penetran desde el medio externo. Es el escenario más frecuente, favorecido por la contaminación cutánea, la hiperhidrosis y la falta de higiene.
- Endógena: diseminación de la infección desde estructuras vecinas u órganos distantes (abscesos metastásicos en el contexto de sepsis).
- Yatrogénica (aséptica): ocurre tras la administración accidental o errónea de soluciones concentradas en los tejidos (por ejemplo, sulfato de magnesio al 25% o metamizol sódico al 50%). Los fármacos provocan necrosis tisular, que posteriormente se supuran.
Patogenia y formación de la pared
El proceso comienza con el desarrollo de infiltración inflamatoria purulenta. A continuación, se produce la necrosis tisular, su desprendimiento (formación de secuestros) y la subsiguiente destrucción enzimática.
Morfológicamente, la cavidad del absceso puede ser tanto simple y redondeada como compleja, con múltiples bolsillos internos. Una etapa crucial en la evolución del absceso es la formación de su pared. Al principio, está recubierta únicamente por depósitos fibrinopurulentos y restos de tejidos muertos. Gradualmente, se desarrolla una zona de inflamación en la periferia y, finalmente, se forma una membrana piógena compuesta de tejido conectivo denso. Esta sirve como barrera que impide la diseminación de la infección.
Cuadro clínico y diagnóstico
En la localización superficial del absceso (por ejemplo, en el tejido subcutáneo), se manifiestan claramente los síntomas locales clásicos de la inflamación:
- Enrojecimiento (Hyperemia).
- Tumefacción (Edema).
- Dolor (Dolor).
- Aumento de la temperatura local (Calor).
- Alteración funcional (Functio laesa).
Al inicio de la enfermedad se forma un nódulo doloroso que rápidamente se convierte en un infiltrado denso. Tras 10-15 días, aparece reblandecimiento en el centro del infiltrado. El signo de fluctuación positivo es el indicador diagnóstico clave de que se ha acumulado líquido (pus) en el interior.
El aspecto y el olor del exudado ayudan a sospechar el tipo de patógeno:
- Estafilococo: pus espeso de color verde amarillento característico.
- Pseudomonas aeruginosa: tono verde azulado y olor dulzón específico.
- Flora putrefacta: masa gris anómala con un olor fétido intenso.
Evolución del absceso
El desarrollo de la lesión purulenta puede seguir varios escenarios:
- Favorable: apertura espontánea hacia el exterior (característico de mastitis, paraproctitis, abscesos subcutáneos). La cavidad se vacía, las paredes colapsan y se produce la cicatrización.
- Desfavorable (cronificación): si el vaciado es incompleto, el proceso puede volverse crónico con la formación de una fístula purulenta persistente.
- Complicado: la ruptura del pus hacia cavidades cerradas (articulaciones, pericardio) provoca artritis, pericarditis y peritonitis graves. También es posible la ruptura hacia órganos huecos (bronquios, intestinos).
Principios del tratamiento quirúrgico
La regla fundamental de la cirugía de abscesos es que la lesión purulenta debe abrirse, vaciarse y drenarse. La excepción son los abscesos «fríos» de etiología tuberculosa; estos no deben abrirse debido al alto riesgo de sobreinfección. Los abscesos pequeños y bien formados con una cápsula densa pueden extirparse por completo.
Técnica quirúrgica:
- Abordaje: se elige la vía más corta, procurando realizar la incisión en el polo inferior de la lesión purulenta para un drenaje pasivo adecuado por gravedad.
- Apertura guiada por aguja: primero se punciona la cavidad y luego se inciden los tejidos a lo largo de la aguja. El campo operatorio se aísla cuidadosamente con paños estériles.
- Revisión de la cavidad: el pus se elimina mediante aspiración y, a continuación, el cirujano explora la cavidad con el dedo. Es necesario romper los tabiques y los bolsillos, y extraer los secuestros tisulares. Regla importante: las maniobras deben ser delicadas para no destruir la membrana piógena.
- Finalización: la cavidad se lava con antisépticos y se colocan drenajes (tubos, gasas con enzimas). Si el flujo a través de la incisión principal es insuficiente, se realiza una contrabertura (incisión adicional).
En el período postoperatorio se aplica antibioterapia (según el antibiograma), transfusión de plasma e inmunización específica (anatoxina estafilocócica, gammaglobulina).
El aspecto del pus orienta sobre el patógeno: el estafilococo produce un exudado verde amarillento clásico; Pseudomonas aeruginosa, verde azulado y «dulzón»; y la flora putrefacta, grisáceo y fétido.
Preguntas de clases y exámenes
¿En qué se diferencia el absceso del empiema?
El absceso es una acumulación de pus en una cavidad creada artificialmente (como resultado de la destrucción tisular). El empiema, por su parte, representa una acumulación de pus en cavidades anatómicas naturales preexistentes (por ejemplo, la pleural) o en órganos huecos.
¿Por qué no se deben abrir los abscesos «fríos»?
Los abscesos «fríos» de origen tuberculoso no deben someterse a apertura clásica debido al riesgo extremadamente alto de adición de flora purulenta secundaria (superinfección), lo que empeoraría drásticamente el curso de la enfermedad.
¿Cómo confirmar la presencia de pus líquido antes de la incisión?
El síntoma clínico clave es la fluctuación. Para la confirmación definitiva y la elección segura del lugar de incisión, se emplea el método de «apertura guiada por aguja», que consiste en una punción diagnóstica preliminar.
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