Respuesta inmunitaria frente a la invasión por Plasmodium
La defensa contra el agente causal de la malaria comprende el trabajo coordinado de varios eslabones del sistema inmunitario, aunque presenta limitaciones sustanciales en cuanto a su eficacia.
El componente humoral de la inmunidad antiplasmodial se forma y despliega principalmente en los folículos linfoides del bazo. Paralelamente, se desarrolla una potente respuesta inmunitaria celular que transcurre en dos formas principales:
- Forma inflamatoria. Se lleva a cabo con la participación directa de los linfocitos T CD4+ (cooperadores) y los macrófagos. El proceso se localiza en la zona marginal y la pulpa roja del bazo, y se acompaña de una liberación masiva de diversas citocinas. Precisamente esta forma contribuye de manera más significativa a limitar la propagación de la infección cuando el patógeno se encuentra en el estadio de merozoíto.
- Forma citotóxica. Es ejecutada por los linfocitos T citotóxicos CD8+ y se desarrolla directamente en el hígado. Es importante señalar que este proceso está intrínsecamente relacionado con un daño considerable a los propios hepatocitos del organismo hospedador.
A pesar de la movilización de la inmunidad tanto humoral como celular, no se produce la destrucción completa (eliminación) del Plasmodium. El parásito alcanza con éxito el estadio de gametocito, pasa al torrente sanguíneo sistémico y se transmite sin obstáculos al hospedador intermediario: el mosquito.
Principales causas de la ineficacia de la defensa inmunitaria:
- Variabilidad antigénica marcada del Plasmodium.
- Cambio regular en los estadios de desarrollo del patógeno. Cada nuevo estadio posee su propia localización específica en el organismo hospedador y expresa un conjunto totalmente diferente de antígenos de superficie, lo que vuelve inútil la respuesta inmunitaria anterior.
Características de la defensa frente a los helmintos
La inmunidad antihelmíntica sigue siendo hoy en día el área menos estudiada entre todas las formas de defensa inmunitaria. La eficacia de la respuesta depende en gran medida de dónde se parasite exactamente el gusano.
Cuando se localizan en el intestino (al que los helmintos llegan junto con los alimentos), la propia mucosa del tracto digestivo actúa como una especie de barrera que aísla al parásito del contacto activo con el sistema inmunitario. Si los helmintos penetran por vía hematógena en otros órganos (como el hígado, los pulmones, los tejidos cerebrales o las paredes de los vasos sanguíneos), utilizan otra estrategia. En estos tejidos se forma alrededor del parásito una cubierta protectora glucolipídica o glucoproteica. La paradoja radica en que esta cubierta es creada por las propias células del hospedador, pero al mismo tiempo blinda eficazmente al helminto frente a los factores destructivos de la inmunidad.
Reconocimiento de parásitos por la inmunidad innata Los primeros en entrar en contacto con los helmintos son las células de reconocimiento: macrófagos, células dendríticas y enterocitos de la mucosa intestinal. Estas identifican los componentes extraños (PAMP) mediante receptores específicos:
- Lisotizarilserina es reconocida por el receptor TLR-2.
- Lipoproteínas enriquecidas con fosforilcolina se unen a TLR-4.
- Glicanos son captados por receptores de tipo lectina (por ejemplo, DC-SIGN).
- Asimismo, el sistema inmunitario reacciona ante la quitina y las proteasas secretadas por los propios helmintos.
Desarrollo de una respuesta Th2 adaptativa
El encuentro con los antígenos del parásito desencadena una cadena de reacciones de la inmunidad adaptativa. Las células dendríticas activadas se transforman en células inmaduras de tipo DC2. Su aparición es de importancia crítica, ya que son precisamente ellas las que estimulan la diferenciación de los linfocitos T colaboradores hacia la vía Th2. Como resultado, se forma una respuesta Th2, que es la forma de defensa predominante y más eficaz (protectora) en las helmintiasis.
Las células Th2 comienzan a secretar activamente citocinas específicas, cada una de las cuales cumple su función:
- IL-4: tiene una importancia primordial, ya que es la que desencadena el cambio de isotipos de los anticuerpos sintetizados hacia la producción de IgE.
- IL-5: atrae de forma selectiva a los eosinófilos al foco de la lesión.
- IL-13: no solo atrae a basófilos y eosinófilos, sino que también es responsable de las modificaciones morfogenéticas (remodelado) de los tejidos afectados.
Un mecanismo efector clave es la labor de los anticuerpos de la clase IgE. Estas inmunoglobulinas se unen a mastocitos previamente sensibilizados. La interacción conduce a la degranulación de los mastocitos y a una potente liberación de factores biológicamente activos con actividad antihelmíntica.
Reacciones celulares y eliminación de los helmintos
Bajo la acción de las citocinas, los eosinófilos y los basófilos se acumulan alrededor del helminto, formando un muro protector denso. Estas células liberan potentes moléculas efectoras capaces de causar la muerte del parásito. Un papel decisivo lo desempeñan las proteínas tóxicas de los eosinófilos:
- MBP (proteína básica mayor).
- ECP (proteína catiónica eosinófila).
Una vez que el parásito muere, el organismo debe deshacerse de él. Del intestino, los individuos muertos son evacuados de forma natural a través del tracto digestivo. Si la muerte se produjo en órganos internos, los restos del helminto son sometidos a fagocitosis por las células del sistema fagocítico mononuclear.
Un problema fundamental de la inmunidad antihelmíntica es que la memoria inmunológica tras una infestación superada sigue siendo relativamente débil y de corta duración. No garantiza en absoluto la protección frente a reinfecciones. Por esta misma razón, hasta la fecha no existen vacunas eficaces contra las helmintiasis.
Bases de la inmunidad protectora
En un sentido más amplio, la inmunidad protectora frente a cualquier enfermedad infecciosa (incluidas las parasitarias) no es simplemente un conjunto de reacciones inmunológicas, sino el estado final de resistencia del organismo que impide el desarrollo de la enfermedad. Se distinguen dos variedades:
- Inmunidad natural. Se basa en propiedades específicas de especie innatas. Incluye la incompatibilidad bioquímica entre el hospedador y el patógeno, la ausencia en el hospedador de receptores para la penetración del agente causal, así como una alta resistencia tisular a los factores de patogenicidad. Nota: los factores conocidos de la inmunidad innata son solo una parte de la inmunidad natural.
- Inmunidad adquirida. Se desarrolla únicamente tras el contacto con el antígeno. Su esencia radica en la acumulación de factores efectores (anticuerpos, células especializadas) que prevendrán una reinfección. Gracias a la memoria inmunológica, ante un nuevo encuentro con el patógeno estos factores se forman con mucha mayor rapidez.
La inmunidad humoral protectora, proporcionada por anticuerpos, tiene una duración limitada en el tiempo. Su eficacia depende estrictamente de dos parámetros: la especificidad (los anticuerpos deben dirigirse exactamente contra los epítopos relacionados con la virulencia) y la actividad biológica (capacidad de neutralizar el agente, activar el complemento y unirse a los receptores Fc de los fagocitos).
Preguntas de clases y exámenes
¿Por qué el sistema inmunitario no puede destruir por completo al Plasmodium?
Esto se debe a la gran variabilidad antigénica del Plasmodium y al cambio regular en sus estadios de desarrollo, durante los cuales el parásito modifica su localización en el organismo y el conjunto de antígenos de superficie.
¿Cómo se deshace el organismo de los helmintos muertos?
Los parásitos localizados en el intestino son evacuados de forma natural. Aquellos helmintos que murieron en los órganos internos son fagocitados por las células del sistema fagocítico mononuclear.
¿Existen vacunas contra las helmintiasis?
Por el momento no existen vacunas antihelmínticas eficaces, ya que la memoria inmunológica que se forma es débil, de corta duración y no protege contra las reinfecciones.
Qué más repasar sobre el tema
- Mecanismos de formación de la cubierta protectora glucolipídica alrededor de los helmintos en los órganos internos
- Estructura detallada y funciones de los receptores TLR-2, TLR-4 y DC-SIGN en el reconocimiento de parásitos
- Proceso de remodelado tisular bajo la influencia de la interleucina-13
- Papel de la proteína básica mayor (MBP) y de la proteína catiónica eosinófila (ECP) a nivel molecular
- Características bioquímicas de especie que aseguran la inmunidad protectora natural
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