Concepto de crecimiento tumoral
Crecimiento tumoral: forma típica de alteración del crecimiento tisular que surge bajo la acción de un carcinógeno y se manifiesta mediante cambios patológicos en los elementos estructurales del tejido. El tumor se caracteriza por atipia de crecimiento, metabolismo, estructura y función. Una característica fundamental de la célula tumoral es la pérdida del control homeostático del organismo huésped: la célula deja de responder a las señales reguladoras.
Entre las formas típicas de alteración del crecimiento tisular también se encuentran la hipertrofia, la hipotrofia, la hiperplasia, la hipoplasia, la displasia, la esclerosis y la metaplasia. Los tumores ocupan un lugar especial entre ellas como un proceso con crecimiento autónomo.
Tumores benignos y malignos
- Tumores benignos: división lenta, células bien diferenciadas, preservación de la morfología normal, ausencia de metástasis, crecimiento expansivo.
- Tumores malignos: división rápida, baja diferenciación, pérdida de la forma celular normal, capacidad de invasión y metástasis.
Según el tejido de origen, los tumores malignos se clasifican de la siguiente manera: a partir del epitelio, carcinoma; a partir del epitelio glandular, adenocarcinoma; a partir del tejido conjuntivo (hueso, sangre, músculos), sarcoma.
Invasión: crecimiento del tumor hacia los tejidos subyacentes. Metástasis: formación de focos tumorales secundarios a distancia del ganglio primario (madre).
Causas y condiciones del crecimiento tumoral
La causa directa de un tumor es un carcinógeno, es decir, un factor capaz de inducir la transformación maligna celular. Según su naturaleza, los carcinógenos se dividen en químicos, biológicos y físicos.
Condiciones que favorecen la manifestación de la acción carcinógena:
- predisposición genética (mutaciones en genes supresores, oncogenes);
- disminución de la actividad de las proteínas que controlan el ciclo celular;
- debilitamiento de los mecanismos anticarcinógenos del organismo (vigilancia inmunológica, sistemas de reparación del ADN, antioncogenes).
Carcinogénesis química
La mayoría de las sustancias químicas son procancerígenos: por sí mismas no inducen un tumor, sino que se convierten en carcinógenos activos como resultado del metabolismo, predominantemente en el hígado. Un ejemplo clásico es la aflatoxina, que se transforma en epóxido.
- Carcinógenos orgánicos: aflatoxinas, epóxidos, hidrocarburos aromáticos y policíclicos, heterociclos, 2-naftilamina, agentes alquilantes, compuestos de radicales libres.
- Carcinógenos inorgánicos: arsénico, asbesto, compuestos de níquel y cromo.
- Carcinógenos endógenos: ciertos ácidos biliares, estrógenos, productos del metabolismo de aminoácidos.
Etapas de la carcinogénesis
La carcinogénesis, independientemente de la naturaleza del factor, incluye dos etapas principales.
- Iniciación — interacción del carcinógeno con el ADN celular, principalmente con protooncogén — un segmento de ADN que codifica proteínas de regulación de la división y el crecimiento. Como resultado del daño, el protooncogén se convierte en un oncogénactivo. Se distinguen:
- iniciación genómica: mutación puntual en un protooncogén (sustitución de nucleótidos);
- iniciación epigenética: alteración de la regulación de la expresión sin modificar la secuencia del ADN.
- La promoción es la expresión del oncogén, la transformación fenotípica celular, la división activa y la formación del nódulo tumoral.
Carcinógenos biológicos y físicos
Los carcinógenos biológicos son virus oncogénicos. Los virus ARN incluyen los de los sarcomas de Rous y varias leucemias; los virus ADN incluyen adenovirus, papovavirus (incluyendo los virus del papiloma humano) y herpesvirus. La iniciación consiste en la inserción del genoma viral (o su copia) en el ADN de la célula huésped con la formación de un oncogén; a continuación, se produce la promoción y la transformación.
Los carcinógenos físicos son la radiación ionizante y la radiación ultravioleta. Dañan directamente el ADN, induciendo mutaciones en los protooncogenes con el mismo resultado: formación de un oncogén, inmortalización, expresión y transformación tumoral.
Defensa antineoplásica: antioncogenes
En el organismo existe un sistema de defensa antitumoral: los antioncogenes, que codifican proteínas supresoras del crecimiento tumoral.
- La proteína p53 detecta el daño en el ADN y actúa de dos maneras: detiene el ciclo celular en la fase G1, brindando la oportunidad de realizar la reparación del ADN; ante daños graves e irreversibles, desencadena la apoptosis.
- La proteína p27 bloquea la transición de la célula desde la fase G1 a la fase S, previniendo la replicación del ADN dañado.
La disminución de la actividad de estas proteínas es una de las condiciones clave para que se manifieste el efecto carcinógeno y se desarrolle el tumor.
Puntos clave
- El tumor es una forma típica de alteración del crecimiento tisular con atipia y pérdida del control homeostático.
- Los tumores benignos están bien diferenciados y no hacen metástasis; los malignos crecen con rapidez, invaden y hacen metástasis.
- El carcinoma se origina en el epitelio, el adenocarcinoma en el epitelio glandular y el sarcoma en el tejido conjuntivo.
- Los carcinógenos se dividen en químicos (con frecuencia procancerígenos), biológicos (oncovirus) y físicos (radiación ionizante y UV).
- La carcinogénesis comprende dos etapas: la iniciación (conversión de un protooncogén en oncogén) y la promoción (expresión del oncogén y transformación).
- La iniciación puede ser genómica (mutación) y epigenética (alteración en la regulación de la expresión).
- La célula tumoral adquiere inmortalidad y un potencial proliferativo autónomo.
- Los antioncogenes p53 y p27 aseguran la detención del ciclo celular, la reparación del ADN y la apoptosis de las células dañadas.