Patogenia y características relacionadas con la edad
Cuanto más pequeño es el niño, mayor es el riesgo de aparición de paroxismos. La alta frecuencia de estados convulsivos en la infancia se debe a las características anatómicas y fisiológicas del sistema nervioso central:
- Inmadurez morfológica y funcional de las fibras nerviosas y de las estructuras cerebrales.
- Alta permeabilidad de la barrera hematoencefálica (BHE).
- Tendencia del sistema nervioso del niño a la generalización de los procesos.
- Desequilibrio de neurotransmisores: predominio de influencias glutamatérgicas excitadoras sobre las inhibidoras (influencia del ácido gamma-aminobutírico o GABA).
Clasificación clínica de las crisis
La semiología de las crisis se divide en cuatro tipos principales, cada uno de los cuales puede indicar una causa específica:
- Convulsiones tónicas: espasmo muscular prolongado. Postura patognomónica: cabeza hacia atrás, brazos flexionados en todas las articulaciones, piernas extendidas. Se observan con frecuencia en estados febriles (en forma de paroxismos tónico-clónicos).
- Convulsiones clónicas: una serie de contracciones musculares rápidas, rítmicas o arrítmicas.
- Convulsiones mioclónicas: sacudidas musculares locales (típicas de los estados hipoglucémicos).
- Crisis atónicas: flacidez súbita con pérdida completa del tono. Constituye un marcador pronóstico desfavorable de lesiones graves del SNC.
Según su topografía, las convulsiones se dividen en generalizadas y locales (focales). Una regla clínica importante: las crisis focales siempre tienen una naturaleza epiléptica.
Estructura etiológica
A grandes rasgos, las convulsiones pueden ser epilépticas (descargas repetidas y no provocadas en la sustancia gris) y no epilépticas/sintomáticas (secundarias en respuesta a un desencadenante).
Para mayor comodidad, las causas se dividen en dos grupos:
- Primariamente neurológicas (lesión del SNC): malformaciones congénitas, neuroinfecciones, traumatismos, daño hipóxico, tumores, patologías genéticas, trastornos de la dinámica del líquido cefalorraquídeo (hidrocefalia) y vasculitis cerebrales.
- Extracerebrales (desencadenantes): hipertermia febril, infecciones infantiles agudas, enfermedades somáticas graves (cardiopatías congénitas, leucemias, hemofilia), síndromes tóxicos, trastornos metabólicos (hipocalcemia, hipoglucemia, fenilcetonuria), reacciones a vacunas, enfermedad hemolítica del recién nacido (EHRN) y factores psicógenos.
Algoritmo diagnóstico
La base del diagnóstico diferencial es la búsqueda de la causa primaria. En las crisis de nueva aparición o provocadas, el énfasis se pone en los métodos de laboratorio (búsqueda del desencadenante).
En las crisis repetidas no provocadas se emplean métodos instrumentales:
- Electroencefalografía (EEG): el «estándar de oro». Permite distinguir una crisis epiléptica, encontrar el foco y el fenómeno de generalización (se utilizan video-EEG monitorización y privación de sueño).
- Neuroimagen: TC, RMN o neurosonografía (NSG). Están indicadas en cualquier crisis poco clara o repetida para buscar un sustrato estructural (epilepsia sintomática).
- Adicionalmente: evaluación del flujo sanguíneo (Doppler transcraneal), exploración del fondo de ojo, análisis de líquido cefalorraquídeo.
Táctica terapéutica e interrupción del estado convulsivo
El tratamiento se basa en dos vectores: etiotrópico (en el síndrome no epiléptico) y patogénico (uso de anticonvulsivos).
Alteraciones metabólicas:
- Hipocalcemia: gluconato de calcio al 10% por vía intravenosa (1 mg/kg en dextrosa al 5%).
- Hipomagnesemia: sulfato de magnesio al 25% por vía intramuscular (0,4 ml/kg).
- Hipoglucemia: solución de dextrosa al 10–20% (10–15 ml/kg, bajo control de glucemia).
Interrupción de las convulsiones febriles: se emplean antipiréticos (paracetamol 15 mg/kg, ibuprofeno 6–10 mg/kg). En caso de fiebre resistente, mezcla lítica (metamizol sódico + cloropiramina). Importante: el metamizol sódico es peligroso debido al riesgo de depresión hematopoyética. La práctica moderna indica que los antipiréticos no previenen las convulsiones; se requiere terapia anticonvulsiva específica (diazepam, sulfato de magnesio al 25%, oxibutirato de sodio).
Cuidados intensivos del estado convulsivo (Status epilepticus): se realizan estrictamente en la UCI:
- Mantenimiento de la permeabilidad de la vía aérea y oxigenoterapia.
- Administración intravenosa de diazepam (fármaco de primera línea).
- Administración intravenosa de fenitoína, ácido valproico u oxibutirato de sodio.
- En caso de evolución refractaria, traslado a ventilación mecánica y anestesia farmacológica (propofol o tiopental sódico).
Crisis focal: siempre de naturaleza epiléptica.
Preguntas de clases y exámenes
¿En qué se diferencian las convulsiones epilépticas de las no epilépticas?
Las crisis epilépticas son siempre de carácter repetido y no provocado, afectando las funciones cognitivas y vegetativas. Las no epilépticas (sintomáticas) son siempre secundarias y surgen en respuesta a un factor desencadenante evidente (por ejemplo, fiebre o toxicosis).
¿Por qué el pronóstico es desfavorable en la crisis atónica?
La pérdida completa y repentina del tono muscular («flacidez») indica lesiones neurológicas estructurales graves y es un marcador de formas de epilepsia graves y de difícil manejo.
¿Son eficaces los antipiréticos para la prevención de las convulsiones febriles?
Según la práctica internacional, el uso exclusivo de antipiréticos no previene el desarrollo de convulsiones. En tales casos se requiere un tratamiento anticonvulsivo específico.
Qué más repasar sobre el tema
- Características del síndrome convulsivo en la enfermedad hemolítica del recién nacido (EHRN).
- Estudios genéticos ante la sospecha de epilepsia idiopática.
- Criterios de selección de anticonvulsivos según el tipo clínico de las crisis.
- Diagnóstico diferencial de las crisis respiratorias afectivas y los estados sincopales.
- Esquemas de terapia antibacteriana en neuroinfecciones complicadas con síndrome convulsivo.
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