Cuadro clínico por periodos
El algoritmo de diagnóstico clínico se basa en la sucesión de tres periodos de la enfermedad:
- Periodo inicial (catarral): el pródromo suele ser leve o ausente. El paciente puede presentar febrícula, mialgias, artralgias y cefalea. Entre las manifestaciones catarrales se observan rinitis leve, conjuntivitis, lagrimeo, fotofobia (escleritis) y, con menor frecuencia, tos seca. El marcador principal de esta etapa es la tumefacción y sensibilidad dolorosa de los ganglios linfáticos cervicales y occipitales.
- Periodo de exantema (fase de estado): sobre un fondo de linfadenopatía persistente, aparecen el enantema y el exantema. Las lesiones (exantema maculopapular fino) surgen sobre piel de aspecto normal, comenzando a menudo en la cara. Es importante destacar que, al aparecer el exantema, el síndrome de intoxicación y los fenómenos catarrales no tienden a intensificarse.
- Periodo de convalecencia: la temperatura y el estado general se normalizan. El exantema desaparece por completo, estrictamente sin descamación ni pigmentación.
Criterios de laboratorio
Para la confirmación objetiva del diagnóstico se emplean pruebas de laboratorio.
- Hemograma clínico: se caracteriza por una disminución en el recuento de leucocitos (leucopenia) y neutrófilos (neutropenia) en el contexto de una linfomonocitosis. En algunos casos se observan células plasmáticas. La velocidad de sedimentación globular (VSG) se mantiene dentro de los límites normales. Se admite también un hemograma absolutamente normal (normograma).
- Método serológico: las herramientas principales son las reacciones de ELISA y RIFI. El diagnóstico de infección aguda se confirma mediante la detección de anticuerpos específicos de clase IgM, que comienzan a detectarse a partir del 3.º-4.° día de la enfermedad.
- Evaluación de la avidez: si en la primera muestra de suero se detectan simultáneamente IgM e IgG (o solo IgG), es necesario comprobar la avidez de los anticuerpos de clase G. Si el índice de avidez es inferior a 30, indica la presencia de anticuerpos «precoces» de baja avidez, lo que señala de manera fidedigna una infección aguda de reciente inicio.
Diagnóstico diferencial
El cuadro clínico de la rubéola debe diferenciarse de las infecciones respiratorias agudas (gripe, parainfluenza, adenovirus y VRS), el sarampión, la escarlatina y las reacciones toxicoalérgicas.
Merece especial atención la diferenciación con la uroséola infantil (exantema súbito), causada por el herpesvirus humano tipo 6.
- En la roséola, el periodo febril se acompaña de un pico térmico repentino de hasta 39,0–40,0 °C.
- Transcurridos 3–5 días se produce una caída brusca (crítica) de la temperatura, y es precisamente en ese momento o pocas horas después cuando aparece un exantema polimorfo abundante.
- La localización también difiere: el exantema roséolico comienza en la espalda y el tronco, extendiéndose al abdomen y las extremidades, estando prácticamente ausente en la cara.
Asimismo, un cuadro similar puede producirlo la infección por parvovirus. Esta se confirma mediante la detección de IgM específicos (o aislamiento del propio virus) en la fase aguda, o bien mediante títulos elevados de IgG ante una enfermedad previa.
Formulación del diagnóstico y táctica de tratamiento
Un diagnóstico clínico detallado debe incluir la forma (típica/atípica), la gravedad del curso clínico y la presencia de complicaciones (por ejemplo, poliartritis o meningoencefalitis).
Organización del tratamiento:
- Ambulatorio: se maneja a la mayoría de los pacientes con formas no complicadas. Se prescribe tratamiento sintomático: reposo en cama, administración de vitaminas y antihistamínicos. Si se desarrolla síndrome articular (artritis), están indicados los antiinflamatorios no esteroideos (AINE).
- Hospitalización: requerida en casos graves o con complicaciones del sistema nervioso central (encefalitis). Los pacientes con síntomas neurológicos (convulsiones, estupor, signos focales) se tratan en la unidad de cuidados intensivos, aplicando terapia desintoxicante, deshidratante y, si es necesario, anticonvulsiva y con glucocorticosteroides. También se remiten al hospital los pacientes con alto riesgo de diseminación epidémica (que viven en residencias o condiciones de hacinamiento).
El alta se permite únicamente tras la resolución clínica, pero no antes del 7.° día desde la aparición del exantema.
En resumen: respuestas a preguntas sobre el tema
¿Qué complicaciones son típicas de la rubéola adquirida?
Una complicación específica típica de la rubéola adquirida es la afectación articular aguda.
- Artritis aguda: evoluciona de forma benigna, aparece sincrónicamente con el exantema y dura hasta varias semanas (afectando predominantemente a las rodillas, las muñecas y las articulaciones de las manos).
Muy raramente se desarrolla poliartritis rubeólica crónica. Entre las complicaciones raras y graves se encuentran:
- Complicaciones hemorrágicas: desarrollo de púrpura trombocitopénica y hemorragias en órganos internos.
- Complicaciones neurológicas: encefalitis, meningoencefalitis, encefalomielitis.
También se observan complicaciones no específicas (neumonía, otitis, amigdalitis) debidas a la sobreinfección por flora bacteriana secundaria.
¿Qué anomalías forman parte de la clásica tríada de Gregg en la rubéola congénita?
La clásica tríada de Gregg en el síndrome de rubéola congénita incluye tres malformaciones principales:
- Catarata.
- Cardiopatías congénitas.
- Sordera.
Las fuentes también señalan que, en la rubéola congénita, las cardiopatías congénitas frecuentes incluyen la persistencia del conducto arterial (de Botallo), la estenosis de la arteria pulmonar y los defectos del tabique interventricular.
¿Cómo se realiza la profilaxis específica de la rubéola?
La profilaxis específica de la rubéola se lleva a cabo mediante vacunación con vacuna de virus vivos atenuados.
- La vacunación sistemática se administra a los 12 meses y a los 6 años.
- En caso de incumplimiento del calendario, se vacuna a las niñas a los 13 años.
Las fuentes enumeran las vacunas registradas y recomendadas en la Federación Rusa: la vacuna triple vírica (sarampión, parotiditis y rubéola) MMR-2, la vacuna bivalente (parotiditis y rubéola) MR-VAX-2, la vacuna contra la rubéola MERUVAX-2 y la vacuna contra la rubéola RUDIVAX.
Tríada del periodo inicial: linfadenopatía (especialmente cervical y occipital), intoxicación leve y síntomas catarrales (escleritis, conjuntivitis). Recuerda: a diferencia del sarampión, el exantema de la rubéola desaparece sin dejar rastro, sin pigmentación.
Qué más repasar sobre el tema
- Particularidades del diagnóstico diferencial entre la rubéola y el sarampión
- Patogenia del desarrollo del síndrome articular en la rubéola
- Táctica de manejo de gestantes con sospecha de infección por el virus de la rubéola
- Mecanismos de formación de la encefalitis rubeólica
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